El primer día de colegio, la tarta de cumpleaños, la función de Navidad, una mueca graciosa en la mesa. Compartir en internet los momentos bonitos de nuestros hijos es un gesto cariñoso y natural: queremos que amigos y familiares participen de nuestra alegría. Pero ¿alguna vez les hemos preguntado qué opinan ellos? Este fenómeno tiene un nombre, sharenting, de las palabras inglesas share (compartir) y parenting (crianza), y hoy está en el centro de varias investigaciones.

Desde 2025 la Unión Europea financia el proyecto GUARDIAN, dirigido por la investigadora Anna Brosch de la Universidad de Silesia, que estudia cómo y por qué los padres comparten contenidos sobre sus hijos y qué riesgos conlleva. Los primeros datos recogidos por la Comisión Europea son claros: hasta uno de cada tres niños cuenta que sus padres publicaron algo sobre él sin pedirle permiso, y en algunos países una parte de los chicos ha tenido que pedir que se retiraran contenidos. Ya en 2017 las investigadoras Alicia Blum-Ross y Sonia Livingstone, de la London School of Economics, describieron el dilema de los padres divididos entre el deseo de contar su vida y el derecho de los hijos a construir por sí mismos su identidad digital.

No se trata de sentirse culpables por una foto, sino de ser conscientes. Lo que publicamos permanece mucho tiempo en internet, puede ser copiado y compartido por otros y puede revelar datos que no imaginamos: el colegio por el uniforme, el barrio por el fondo, los horarios por las costumbres que contamos. Y, sobre todo, lo que hoy nos parece tierno podría avergonzar a un adolescente mañana.

Algunas ideas prácticas pueden ayudar. En cuanto los hijos puedan expresarse, pidámosles permiso antes de publicar y respetemos un no. Evitemos uniformes escolares, nombres, lugares reconocibles y geolocalización. Para las fotos más personales, mejor los grupos privados de familia que los perfiles públicos. Y de vez en cuando preguntémonos: ¿publicaría esta foto si fuera yo a su edad?

Pedir permiso a un niño puede parecer un detalle, pero le enseña una lección valiosa: su cuerpo, su imagen y su historia le pertenecen. Es un pequeño gesto de respeto que construye confianza, dentro y fuera de internet.

Fuentes

  • Comisión Europea, Horizon Magazine (2026), «Are parents sharing too much online? The hidden risks for children» – proyecto GUARDIAN (MSCA, 2025-2028)
  • Blum-Ross A., Livingstone S. (2017), «”Sharenting,” parent blogging, and the boundaries of the digital self», Popular Communication, 15(2), 110-125

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