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Mente y emociones30 de agosto de 20262 min de lectura

Aporofobia: la palabra que revela a quién rechazamos de verdad

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Hay una palabra que en los últimos años ha empezado a aparecer en los diccionarios de lengua española y, poco a poco, también en otros idiomas: aporofobia. No es un término técnico reservado a especialistas, sino el nombre preciso de algo que casi todos reconocemos por experiencia directa, aunque rara vez lo llamemos así: la incomodidad, la desconfianza o el rechazo instintivo que sentimos ante una persona pobre.

Quien acuñó el término fue la filósofa española Adela Cortina, en 1995. La palabra nace del griego aporos, "sin recursos", unido a phobos, "miedo" o "rechazo": literalmente, el rechazo hacia quien carece de medios. Cortina, al estudiar los mecanismos de la discriminación, se dio cuenta de que lo que a menudo llamamos xenofobia en realidad esconde otra cosa. Un profesional extranjero que llega a una ciudad nueva con dinero, un título universitario y un buen trabajo suele ser recibido con curiosidad, a veces incluso con admiración. Quien llega, en cambio, con las manos vacías, pidiendo ayuda o un lugar donde dormir, encuentra distancia, sospecha, incomodidad. Lo mismo ocurre con quienes viven en la calle en su propia ciudad, sin haber cruzado nunca ninguna frontera. No es entonces la diferencia en sí lo que nos inquieta, sino la pobreza: tememos, en el fondo, a quien parece no tener nada que ofrecernos a cambio.

Cortina recogió esta reflexión en su libro Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia (Paidós, 2017), que se convirtió en un texto de referencia en el debate sobre discriminación y exclusión social. Ese mismo año, la Fundéu BBVA —la fundación que vela por el buen uso del español— eligió aporofobia como palabra del año, y el término entró oficialmente en el Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española.

Reconocer este mecanismo en la vida cotidiana no exige gestos espectaculares. Basta con observar con honestidad cómo cambia nuestra mirada, o el tono de nuestra voz, ante quien pide una limosna frente a quien nos parece exitoso; notar cuántas veces apartamos los ojos, por prisa o incomodidad, de una persona sentada en el suelo. La psicología social recuerda desde hace tiempo que poner un nombre preciso a una conducta extendida suele ser el primer paso para empezar a corregirla: lo que queda sin nombre es más difícil de ver, y por tanto de cambiar.

Quizás, entonces, la pregunta que esta palabra nos plantea no sea tanto "¿conozco la aporofobia?", sino "¿cuántas veces, sin darme cuenta, la he practicado yo también?". Mirar con honestidad esa pregunta, sin culpa pero con curiosidad genuina, es ya un pequeño paso para hacer nuestra mirada sobre el mundo un poco más justa.

Fuentes

  • Adela Cortina, Aporofobia, el rechazo al pobre: un desafío para la democracia, Paidós, 2017.
  • Fundéu BBVA, "Aporofobia, palabra del año 2017" (fundeu.es).
  • Real Academia Española, Diccionario de la lengua española, entrada "aporofobia".

Los contenidos de este blog son informativos y no sustituyen la opinión del médico o del psicólogo.

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