El 27 de octubre de 1904, en Nueva York, el alcalde George McClellan puso en marcha el primer tren del metro. Eran unos catorce kilómetros y medio de línea y veintiocho estaciones, desde City Hall hasta Harlem, pasando por Times Square. A las siete de la tarde se abrió al público: por cinco centavos, más de cien mil personas quisieron probarlo. Durante años muchos lo habían considerado una empresa imposible.

Hoy el transporte público es a menudo el lugar donde estamos más cerca de los demás y más lejos de ellos: sentados a pocos centímetros de desconocidos, con la mirada en el móvil. El motivo suele ser una creencia que damos por sentada: hablar con un desconocido será molesto, para nosotros y para él.

Dos psicólogos, Nicholas Epley y Juliana Schroeder, pusieron a prueba esta idea. En 2014, en el Journal of Experimental Psychology: General, publicaron nueve experimentos, entre ellos los realizados con viajeros de trenes y autobuses de Chicago. A un grupo se le pidió que conociera a una persona cercana, a otro que se quedara en silencio y solo, a un tercero que viajara como de costumbre. Quienes hablaron con un desconocido describieron un viaje más positivo que quienes se quedaron solos, mientras que la productividad no fue distinta. Sin embargo, cuando a otro grupo se le pidió que previera cómo sería, pronosticó lo contrario: mejor solo. Según los autores, en parte porque subestimamos cuánto les interesa a los demás hablar, y en parte porque nos faltan experiencias que corrijan esa creencia.

Algunas cautelas: los primeros experimentos en transporte público implicaron a unas decenas de personas cada uno, en un contexto concreto, el de los viajeros de Chicago. No dicen que a todos nos guste charlar cada día: el silencio sigue siendo una opción legítima, y hay momentos en que queremos estar solos.

¿Qué podemos hacer con esto? Una sugerencia nuestra, no del estudio: en tu próximo trayecto en autobús, en el café o en una sala de espera, prueba con un saludo, un «buenos días» o un comentario sobre el tiempo. Si no llega respuesta, no pasa nada. Si llega, quizá descubras que la ciudad sobre y bajo tus pies también está hecha de personas que solo esperaban un gesto.

¿Te ha pasado alguna vez tener una buena charla con una persona desconocida? Cuéntame en los comentarios cómo fue.

Fuentes

  • Epley N., Schroeder J. (2014). Mistakenly seeking solitude. Journal of Experimental Psychology: General, 143(5), 1980-1999, DOI 10.1037/a0037323.
  • History.com Editors, «New York City subway opens» (27 de octubre de 1904), history.com.
  • Tenement Museum, «On this day, 1904: first underground subway», tenement.org.

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Avatar Floriana Missori

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