¿Cuántas veces hemos renunciado a algo solo porque pensábamos que no éramos lo bastante buenos? Un curso, una entrevista de trabajo, una carrera, una canción en el karaoke. Nos decimos que es mejor esperar a estar preparados, y mientras tanto el tiempo pasa. La historia de Michael Edwards, conocido por todos como Eddie the Eagle, cuenta justo lo contrario.

Nacido en Cheltenham, Inglaterra, en 1963, Eddie trabajaba como yesero. Llevaba unas gafas gruesas que se empañaban bajo la máscara, pesaba varios kilos más que los demás saltadores y entrenaba su sueño con muy pocos medios, en un país sin tradición en el salto de esquí. Aun así, en 1988 se clasificó para los Juegos Olímpicos de invierno de Calgary, el primer británico en competir en esta disciplina en unos Juegos desde 1928. Quedó último en las dos pruebas, pero batió el récord británico y conquistó al público de todo el mundo. En la ceremonia de clausura, el presidente del comité organizador, Frank King, dijo a los atletas que algunos habían batido récords, otros habían logrado su mejor marca y alguno incluso había «volado como un águila».

¿Por qué nos emociona tanto una historia de último puesto? Quizá porque nos recuerda que nuestro mayor obstáculo suele ser el miedo al juicio de los demás. La psicología tiene un nombre para esto: el «efecto foco». En una serie de experimentos publicados en 2000, Thomas Gilovich y sus colegas de la Universidad de Cornell demostraron que tendemos a sobrestimar cuánto se fijan los demás en nuestros errores y torpezas. En realidad, la gente está mucho menos pendiente de nosotros de lo que tememos.

Esto no significa que la preparación no cuente: Eddie entrenó durante años y, después de Calgary, las reglas de clasificación se endurecieron precisamente por su caso. Pero sí significa que esperar a ser perfectos antes de intentarlo puede convertirse en una excusa para no empezar nunca. Presentarse, dar lo mejor de uno mismo y aceptar el resultado ya es una forma de victoria, porque nos hace crecer y nos abre puertas que, quediándonos quietos, seguirían cerradas.

Esta semana intenta elegir algo que vienes aplazando por miedo a no estar a la altura, y da el primer paso. No hace falta llegar primero. A veces basta con estar ahí, con valor, para volar un poco más alto de lo que pensabas.

Fuentes

  • Olympics.com, «Olympic Cinderellas: How a British plasterer became ski jumper Eddie the Eagle»
  • Olympics.com, «Eddie the Eagle: the most popular questions answered»
  • Gilovich T., Medvec V.H., Savitsky K. (2000), «The spotlight effect in social judgment», Journal of Personality and Social Psychology, 78(2), 211-222

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Avatar Floriana Missori

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