Hay una palabra que en los últimos años ha entrado de puntillas en nuestras casas. En italiano es domotizzare, “domotizar”: hacer inteligente un hogar. La usamos cuando las luces se encienden solas, cuando el termostato regula la temperatura mientras estamos en el trabajo, cuando abrimos la puerta desde el móvil. Pero ¿de dónde viene esta idea, y qué dice de nosotros?
La Accademia della Crusca, autoridad de la lengua italiana, la incluye entre sus “palabras nuevas”: significa “hacer que los dispositivos de una casa sean automáticos mediante sistemas informáticos y electrónicos”. Nace del sustantivo domótica — a su vez del francés domotique, del latín domus, “casa”, unido a informatique, “informática”. El verbo aparece por primera vez en 1995, en un texto de arquitectura, pero se difunde de verdad entre 2018 y 2019, cuando la casa inteligente deja de ser un lujo de feria tecnológica y empieza a formar parte de la vida cotidiana.
Los números lo confirman. Según el Observatorio Internet of Things del Politecnico di Milano, en 2025 el mercado italiano de la smart home superó por primera vez los mil millones de euros, con un crecimiento del 11%. En todo el país hay ya unos 175 millones de dispositivos conectados, casi tres por habitante. Y lo más solicitado no son los aparatos llamativos, sino la seguridad y el ahorro energético: señal de que, en el fondo, no buscamos la casa del futuro, sino una casa que nos haga sentir más tranquilos.
Y aquí vale la pena detenerse. Domotizar no significa llenar las habitaciones de pantallas y comandos de voz. Significa quitar peso: automatizar los pequeños gestos repetitivos — apagar, controlar, ajustar — para liberar tiempo y energía mental y dedicarlos a lo que de verdad importa. La tecnología, cuando está bien pensada, se hace a un lado. No pide tu atención: te la devuelve.
Porque una casa no se vuelve “inteligente” solo porque responde a las órdenes. Lo hace cuando se adapta a tus ritmos, protege a quienes amas y te acoge al final del día. Todo lo demás — apps, sensores, asistentes — es solo un medio. El fin sigue siendo el mismo de siempre: sentirse en casa. Y eso, por suerte, no se programa con un mando a distancia.
Fuentes
- Accademia della Crusca, domotizzare, sección “Parole nuove” (ficha de Francesca Cialdini, 10 de septiembre de 2020).
- Observatorio Internet of Things, Politecnico di Milano, datos del mercado Smart Home en Italia 2025 (más de 1.000 millones de euros, +11%).
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