Hay una pregunta que, tarde o temprano, nos visita a todos. Suele llegar en las noches más silenciosas, cuando el ruido del día se apaga: ¿mi vida vale realmente algo? No es una pregunta de personas frágiles. Es una pregunta de personas vivas, con el valor de mirar dentro de sí mismas sin apartar la vista.

A esta pregunta Simone de Beauvoir, una de las voces existencialistas más lúcidas del siglo XX, dio una respuesta que impacta justamente por su sencillez. En su ensayo La vejez (La Vieillesse, 1970) escribe: «La vida de una persona tiene valor mientras atribuye valor a la vida de los demás, a través del amor, la amistad, la indignación y la compasión».

Deténte un momento en estas palabras. De Beauvoir no dice que el valor de tu vida dependa de cuánto ganas, de cuántos objetivos tachas de una lista o de cuántos aplausos recibes. Dice algo mucho más liberador: el valor no es un objeto que posees, es un puente que construyes. Nace cada vez que decides que otra persona, además de ti, merece tu atención, tu energía, tu cuidado.

Mira los cuatro caminos que señala, porque no son abstractos. El amor es elegir el bien de alguien incluso cuando resulta incómodo. La amistad es estar presente sin llevar la cuenta. La indignación es ese fuego que se enciende ante una injusticia y te impide quedarte indiferente. La compasión es la capacidad de sentir el dolor del otro como si, por un momento, también fuera tuyo. Son cuatro maneras distintas de decir lo mismo: salir de uno mismo.

Lo que de verdad toca es que todo esto está a tu alcance hoy, sin esperar el momento perfecto. No hace falta cambiar el mundo entero. Basta con una llamada a quien se siente solo, un mensaje a un amigo con quien no hablas desde hace meses, el valor de decir «esto no está bien» cuando los demás callan, un gesto de ternura hacia quien lo necesita. Cada una de estas acciones, por pequeña que sea, llena de sentido el día.

Si esta noche te preguntas si tu vida tiene valor, la respuesta no está dentro de un espejo. Está fuera, en los ojos de las personas a las que has hecho el bien. No hay nada malo en ti por preguntarlo: solo significa que estás listo para dar un peso real a tus días. Y la manera de hacerlo, nos recuerda de Beauvoir, está sorprendentemente cerca. Empieza por los demás y descubrirás que también te has dado valor a ti.


Fuentes

  • Simone de Beauvoir, La vejez (La Vieillesse), Gallimard, 1970 — edición española Edhasa.
  • Cita original: «One’s life has value so long as one attributes value to the life of others, by means of love, friendship, indignation and compassion.»

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