Después de una mala noche todo pesa más: nos irritamos por nada, nos lo tomamos todo de forma personal y nos cuesta ver el lado bueno de las cosas. No es solo una sensación: es el cerebro que, sin descanso, cambia la forma en que siente las emociones.

En 2007, en la revista Current Biology, Seung-Schik Yoo, Matthew Walker y sus colegas mostraron qué sucede dentro de nosotros tras una noche sin dormir. La amígdala — el centro emocional del cerebro — reaccionaba a los estímulos negativos con una intensidad amplificada de alrededor del 60%. ¿Por qué? La privación de sueño debilita el diálogo entre la amígdala y la corteza prefrontal, nuestro “freno” racional. En la práctica, sin dormir el cerebro emocional se acelera y el lúcido apenas logra calmarlo. Por eso, cuando estamos cansados, reaccionamos de una manera que luego no reconocemos como nuestra.

La buena noticia es que el sueño se puede cuidar como un hábito valioso. Mantén horarios lo más regulares posible, incluso el fin de semana. En la última hora antes de dormir, baja las luces y aparta las pantallas, para no engañar al cerebro con luz de día. Mantén la habitación fresca, oscura y silenciosa. Y deja el café lejos de la noche. No son reglas de manual: son pequeños actos de mantenimiento del ánimo.

Dormir no es tiempo perdido: es la forma en que el cerebro repara las emociones del día. Cuidar bien tu sueño es, al final, un acto de amabilidad hacia la persona que serás mañana.


Fuentes

  • Yoo, S.-S., Gujar, N., Hu, P., Jolesz, F. A., Walker, M. P. (2007). The human emotional brain without sleep — a prefrontal amygdala disconnect. Current Biology, 17(20), R877–R878.

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