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Familia e hijos28 de agosto de 20262 min de lectura

Conocer la propia historia familiar hace a los niños más resilientes

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Hay un momento que se repite en tantas casas, casi siempre en la mesa: alguien cuenta una anécdota familiar. El abuelo que cruzó el país en bicicleta para conocer a la abuela, la tía que abrió la primera tienda del barrio, quien lo perdió todo en un momento difícil y volvió a empezar. Parecen solo recuerdos para pasar el tiempo, pero la psicología ha descubierto que hacen mucho más: construyen en los más pequeños una base sólida sobre la que sostenerse cuando llegan las dificultades.

En 2001, Marshall Duke y Robyn Fivush, psicólogos de la Universidad de Emory, desarrollaron una herramienta sencilla, la escala "Do You Know?": veinte preguntas para entender cuánto sabía un niño o una niña sobre la propia historia familiar, desde de dónde venían los abuelos hasta cómo se conocieron los padres, desde las dificultades atravesadas hasta los valores transmitidos. Los resultados mostraron una correlación clara entre este conocimiento y la autoestima, la sensación de control sobre la propia vida y la capacidad de afrontar el estrés. El vínculo se hizo aún más fuerte después del 11 de septiembre: entre los niños evaluados antes de los atentados, quienes conocían mejor la historia de su familia demostraron ser los más capaces de atravesar el trauma colectivo sin verse desbordados. El estudio se publicó después, en 2008, en la revista Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training, firmado por Duke, Amber Lazarus y Fivush, como un índice clínicamente útil de bienestar psicológico.

No hace falta un archivo genealógico perfecto para poner en práctica este descubrimiento. Basta con contar, en la cena o antes de dormir, cómo se conocieron los padres, qué dificultades atravesó la familia y de qué manera las superó, qué pasiones u oficios se transmitieron con el tiempo. También importa el tono con el que se cuenta: la investigación distingue entre quien narra su historia como una línea siempre ascendente, quien la cuenta como una pérdida continua, y quien muestra altibajos junto con la capacidad de atravesarlos — este último es el estilo que más protege, porque enseña que las dificultades se superan, y nunca solos.

La próxima vez que una comida familiar se deslice hacia los recuerdos, vale la pena dejarla fluir: no es solo nostalgia, es una forma concreta de dar a quien escucha raíces más firmes.

Fuentes

  • Duke, M. P., Lazarus, A., & Fivush, R. (2008). Knowledge of family history as a clinically useful index of psychological well-being and prognosis: A brief report. Psychotherapy: Theory, Research, Practice, Training, 45(2), 268–272.
  • Feiler, B. (2013). The Stories That Bind Us. The New York Times.

Los contenidos de este blog son informativos y no sustituyen la opinión del médico o del psicólogo.

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