Un estudio publicado en 2017 en la revista Emotion, de la American Psychological Association, siguió durante semanas a un grupo de parejas de recién casados, pidiéndoles que anotaran cada día los pequeños “actos compasivos” que realizaban hacia su pareja —preparar el café, hacer un cumplido sincero, encargarse de una tarea sin que se lo pidieran— junto con su propio nivel de bienestar emocional diario. El dato más sorprendente no tiene que ver con quien recibe estas atenciones, sino con quien las ofrece: en los días en que una persona realizaba más gestos de amabilidad hacia su pareja, era ella misma quien se sentía mejor, independientemente de cuánto correspondiera la pareja ese mismo día.
Este resultado da la vuelta a la idea común de que la amabilidad solo “funciona” si genera una reciprocidad inmediata. Dar, en este estudio, parece nutrir a quien da casi tanto como a quien recibe: cuidar de alguien activa un sentido de competencia y de significado que alimenta el propio bienestar, independientemente de lo que se reciba a cambio. Y no son los gestos espectaculares —un regalo caro, una declaración grandilocuente— los que marcan la diferencia, sino la constancia de pequeñas atenciones cotidianas, casi invisibles, que se acumulan con el tiempo.
Un experimento sencillo para probar en pareja: elegir cada día un solo gesto pequeño de amabilidad hacia la pareja, sin acordarlo de antemano y sin esperar nada a cambio —y pensarlo como un regalo que te haces también a ti mismo, no solo a la relación. Con el tiempo, la suma de estos pequeños gestos cuenta más que cualquier gran promesa hecha una sola vez.
Fuentes
- Compassionate Acts and Everyday Emotional Well-Being Among Newlyweds (2017). Emotion, American Psychological Association. DOI 10.1037/emo0000281.
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