Hay días en que una mano en el hombro vale más que mil consejos. Un bebé que se duerme sobre el pecho de un padre, un abrazo al volver a casa: son gestos tan comunes que rara vez nos preguntamos si de verdad hacen bien. Un grupo de investigadores europeos se lo preguntó y reunió los datos.
En 2024 Julian Packheiser y colegas publicaron en Nature Human Behaviour una revisión sistemática con metaanálisis sobre los efectos de las intervenciones basadas en el contacto, de distintos tipos (por ejemplo masajes o contacto piel con piel). El metaanálisis incluye 137 estudios, 85 con adultos y 52 con recién nacidos; con los estudios incluidos solo en la revisión sistemática se superan los doscientos trabajos, y el resumen cuenta casi 13.000 participantes.
El efecto global es de tamaño medio: g = 0,52 en adultos y g = 0,56 en recién nacidos (g es una medida estándar del tamaño del efecto; en torno a 0,5 se habla de efecto medio). En adultos, los beneficios más claros se dan en el dolor, la ansiedad y la depresión. En recién nacidos, en el cortisol, la hormona del estrés, y en el aumento de peso. Un dato llama la atención: en los recién nacidos, el contacto de los padres funcionó mejor que el de personal desconocido (g = 0,69 frente a 0,39). En adultos, en cambio, no hay diferencia entre el contacto de una persona conocida y el de un profesional sanitario. Más sesiones se asocian con mayores beneficios en depresión, ansiedad y dolor; una sesión más larga no aumenta el efecto.
Como siempre, hace falta prudencia. Los autores señalan un posible sesgo de los estudios pequeños, que puede sobrestimar los efectos, y la imposibilidad de mantener a participantes y experimentadores sin saber qué se aplicaba. Los efectos se midieron justo después de la intervención: qué ocurre a largo plazo queda por entender. Y se trata de intervenciones estudiadas de forma sistemática, no de cada abrazo espontáneo de la vida cotidiana.
¿Qué hacer con esto? El mensaje práctico es sencillo: la cercanía física, cuando es bienvenida, es un recurso de bajo coste al alcance de todos. Una mano en el hombro, un abrazo, un mimo antes de dormir: gestos pequeños y repetidos, siempre con el consentimiento y el respeto de quien los recibe. Y quien no disfruta del contacto físico puede encontrar otras maneras de hacerse presente: una llamada, un rato compartido, una escucha atenta.
Y tú, ¿qué gesto de cercanía te hace sentir mejor? Cuéntalo en los comentarios: cada respuesta puede inspirar a otra persona.
Fuentes
- Packheiser J., Hartmann H., Fredriksen K., Gazzola V., Keysers C., Michon F. (2024). A systematic review and multivariate meta-analysis of the physical and mental health benefits of touch interventions. Nature Human Behaviour, 8, 1088-1107. DOI: 10.1038/s41562-024-01841-8.
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