El 20 de octubre de 1973 la reina Isabel II inauguró la Ópera de Sídney. Para mucha gente es el edificio que simboliza Australia. Pero su historia es también un ejemplo perfecto de algo que todos conocemos: las obras, los proyectos y los plazos casi siempre duran más de lo que habíamos previsto.
Según la web oficial de la Ópera de Sídney, la construcción empezó en 1959 y se esperaba que durase cuatro años. Duró catorce. También cambió la factura: la estimación inicial era de 7 millones de dólares y el coste final fue de 102 millones. Un caso extremo, claro, pero la distancia entre previsión y realidad tiene nombre en psicología: «falacia de la planificación» (planning fallacy), una expresión introducida por Daniel Kahneman y Amos Tversky en 1979.
No afecta solo a los grandes edificios. En 1994 Roger Buehler, Dale Griffin y Michael Ross la midieron en una tarea muy cotidiana: la tesis de fin de carrera. En uno de sus estudios pidieron a 33 estudiantes que estimaran cuántos días necesitarían para terminarla. La estimación media fue de unos 34 días; los días realmente empleados fueron, de media, unos 55. Solo el 29,7 % de los estudiantes terminó dentro del plazo que había previsto.
¿Por qué ocurre? Cuando planificamos, tendemos a imaginar el mejor escenario: ninguna interrupción, ninguna sorpresa, ningún día sin ganas. No somos perezosos ni ingenuos: así es como la mente construye un plan. Conviene recordar que se trata de un estudio con una muestra pequeña de estudiantes, así que las cifras exactas no valen para todas las personas ni para todas las tareas, pero el error de estimación se ha observado también en otras investigaciones.
¿Qué hacer, sin culparse? Un camino sugerido por Kahneman y Tversky es mirar al pasado en lugar de al plan: ¿cuánto tardaron las dos o tres últimas cosas parecidas? Ese tiempo es una estimación más honesta que la que nace del entusiasmo. Después se puede añadir un margen para imprevistos y dividir el trabajo en etapas pequeñas, para ver enseguida si vamos adelantados o retrasados. Son consejos que nacen de esta literatura, no resultados del estudio con estudiantes.
Al final la Ópera de Sídney se terminó y hoy se quiere en todo el mundo. Equivocarse con los tiempos no es fracasar: significa que conviene planificar con un poco más de realismo y un poco más de amabilidad con uno mismo.
Y vosotros, ¿cuál fue lo último que tardó más de lo previsto? Contadlo en los comentarios: ¿qué habéis aprendido para la próxima vez?
Fuentes
- Sydney Opera House, Interesting facts about the Sydney Opera House (sitio oficial): inicio de las obras en 1959, estimación inicial de 7 millones de dólares, coste final de 102 millones, inauguración el 20 de octubre de 1973 por la reina Isabel II.
- Buehler R., Griffin D., Ross M. (1994). Exploring the “planning fallacy”: Why people underestimate their task completion times. Journal of Personality and Social Psychology, 67(3), 366-381.
- Kahneman D., Tversky A. (1979). Intuitive prediction: Biases and corrective procedures. TIMS Studies in Management Science, 12, 313-327.
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