22 de octubre de 1797, Parc Monceau, en París. Un hombre sube a una cesta colgada de un gran paraguas de tela, todavía cerrado, unido a un globo de hidrógeno. A unos mil metros de altura corta la cuerda que lo mantiene atado al globo. Se llama André-Jacques Garnerin y está a punto de realizar el primer salto en paracaídas desde un globo documentado en la historia.
El paracaídas tenía unos siete metros de diámetro. El descenso fue todo menos suave: la cesta se balanceaba con fuerza, porque aquel primer modelo aún no tenía un orificio en lo alto para dejar salir el aire. Al aterrizar, la cesta rebotó y arañó el suelo, pero Garnerin salió ileso.
¿Qué tiene que ver con nosotros? Toda cosa nueva tiene un momento en que seguimos atados al globo: la decisión está tomada, pero el gesto no. Aquí la investigación puede echarnos una mano muy práctica. En 2006 Peter Gollwitzer y Paschal Sheeran analizaron 94 pruebas independientes sobre las «intenciones de implementación», planes del tipo «si ocurre X, entonces hago Y», que establecen cuándo, dónde y cómo actuar. El efecto global sobre el logro de objetivos fue de d = 0,65, de medio a grande. Según los autores, estos planes ayudan a empezar, a proteger el esfuerzo de las distracciones y a abandonar las estrategias que no funcionan.
Como siempre, hace falta prudencia. Es un metaanálisis sobre objetivos muy distintos entre sí: un promedio no garantiza que el método funcione para cada persona y cada tarea. Y la historia de Garnerin es solo una imagen que nos ayuda a recordar la idea: no demuestra nada sobre el valor en general, y no sabemos qué sentía él aquel día.
¿Cómo usarlo, entonces? Elige un pequeño salto y escribe un plan «si… entonces…»: «Si a las 18 h llego a casa, entonces durante diez minutos escribo la primera página»; «Si después de la reunión tengo un momento libre, entonces pido esa opinión». No hace falta un salto de mil metros: hace falta el primer gesto concreto, con una hora y un lugar. Son sugerencias prácticas inspiradas en esta literatura, no instrucciones del estudio.
Aquel primer paracaídas se balanceaba y se tambaleaba, y sin embargo aquel salto pasó a la historia. Empezar de forma imperfecta es a menudo la única manera de empezar, y siempre se puede mejorar por el camino.
Y vosotros, ¿cuál es vuestro pequeño salto de esta semana? Contadnos en los comentarios vuestro plan «si… entonces…»: puede dar valor a otra persona.
Fuentes
- Wikipedia, André-Jacques Garnerin: el salto del 22 de octubre de 1797 en Parc Monceau, altura, diámetro del paracaídas, balanceo y aterrizaje.
- Gollwitzer P.M., Sheeran P. (2006). Implementation intentions and goal achievement: A meta-analysis of effects and processes. Advances in Experimental Social Psychology, 38, 69-119. DOI: 10.1016/S0065-2601(06)38002-1.
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